Cotigestión

Un motor de precios y un libro de contabilidad

El chatbot es la puerta. Lo que hay detrás son dos piezas que no improvisan: un motor que calcula con sus reglas, y un libro que no acepta un asiento descuadrado.

Tres cosas que el software no deja pasar

No son configuraciones que se puedan desactivar. Están puestas donde no se pueden saltar, porque cada una es un error que cuesta plata de verdad.

El modelo nunca pone un precio

Lee la frase del cliente y devuelve qué le pidieron: el producto y la cantidad. Los precios los pone un motor con sus reglas de siempre. Un chatbot que improvisa una cifra regala una venta o la pierde.

Debe igual haber, sin excepción

Lo comprueba la base de datos, no el programa. Un asiento descuadrado no se guarda —ni con un error de red en el medio— y uno ya contabilizado no acepta que se le agregue, cambie ni quite una línea. Se reversa.

Se factura lo que se cotizó

Los montos se congelan el día del presupuesto. Entre cotizar y aceptar suben precios; refacturar con los nuevos le manda al cliente un total distinto del que aceptó, y el cliente tiene razón.

De qué está hecho

Las cifras están acá porque son la respuesta a «¿esto aguanta mi contabilidad?». Nada de esto se ve desde afuera, y es lo que hace la diferencia entre un producto y una demo.

Tablas en la base52 Cambios de esquema versionados41 Cuentas del plan chileno, ya cargadas72 Funciones de servidor31 Pantallas en el panel32 Pruebas automáticas1.600+

Más las aserciones contra un Postgres de verdad, que se levanta y se apaga en cada revisión, y un recorrido del producto completo —abrir una cuenta, cargar el catálogo, cotizar y comprobar el precio— contra el servidor de verdad en cada despliegue.

Cada empresa

separada por la base
Nadie ve lo del vecino
La empresa sale del token firmado, no de un dato que el cliente pueda cambiar. Lo hace cumplir la base.
Nace con su plan
Las 72 cuentas y sus reglas contables quedan puestas al dar de alta. Se puede emitir el primer día.
Su moneda y su IVA
Los decimales entran en el redondeo de cada línea, no son cosmética.

Cada peso

se puede explicar
Un folio se usa una vez
Dos clics en «Facturar» no emiten dos facturas. Lo impide un índice, no un aviso en pantalla.
La corrección es un documento
Una factura mal emitida se corrige con nota de crédito, que apunta al original y lo saca de la cartera.
El costo, aparte de la venta
Son dos hechos distintos. Si al stock le falta un costo, el margen vuelve vacío en vez de inflado.

Lo que no hace

Dicho acá y no en la letra chica. Un producto que nombra sus límites es el único al que se le puede creer el resto.

No firma por usted

ante el SII
El DTE sale timbrado
Con sus folios del SII, listo. Pero la firma con el certificado del representante ocurre en el equipo de la empresa: ese certificado no se guarda acá, a propósito.
No reemplaza al contador
Le deja los libros escritos y cuadrados. Quién los presenta y qué se declara sigue siendo de su contador.

No adivina

cuando falta un dato
WhatsApp lo conecta usted
Necesita una línea dedicada y la verificación de su empresa en Meta, que tarda. Mientras eso pasa, el chatbot ya atiende en su sitio.
Sin catálogo no cotiza
El precio sale de sus reglas. Sin ellas no hay nada que calcular, y preferimos decirlo antes que inventar una cifra.

Todo esto, andando

Dos semanas con el producto entero, sin tope de cotizaciones y sin tarjeta.