Las siete que nos hacen siempre.
No. El catálogo se sube como el Excel que ya tiene. El presupuesto sale con el formato de los que usted manda hoy: se sube uno y se copia el membrete y las condiciones.
Va a pasar. Las conversaciones quedan a la vista, con qué entendió en cada turno, y se corrige desde el teléfono en dos toques. La próxima vez lo entiende bien.
Sí. Un servicio puede tener una fórmula —metros cuadrados por un valor, más un mínimo— y el chatbot pregunta los datos que faltan antes de cotizar.
Sí, y es la idea. Los libros se exportan en el formato que pide el SII. La partida doble se comprueba en el servidor y en la base: un asiento descuadrado no se puede escribir.
Nada se cierra y nada se borra. La cuenta pasa al plan gratis —50 cotizaciones al mes— con su catálogo, su contabilidad y su número de WhatsApp intactos. No pedimos tarjeta para empezar, así que no hay ningún cobro que se active solo el día 15.
El chatbot no se apaga. Hay una semana de gracia y después vuelve al plan gratis, con los topes chicos. Sus datos no se borran.
No. Cada empresa está aislada por políticas de la base de datos, no por un filtro en el código. Ni un error de programación puede traer el catálogo de otra empresa.
Mándenos su lista de precios y le mostramos el chatbot cotizando con ella.